Por H. Galván
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13 de junio de 2008



No puedo negar que sentí risa cuando “Varguita” entregó a Leonel, el mismísimo himno de la Internacional Socialista. ¡Vaya recuerdo! Jejjeje.

Tampoco que sentí asco, mucho asco y repugnancia cuando vi, entre quienes cantaban el himno del 1J4, nada más y nada menos que a Alejandrina Germán, si, la misma estafadora que engaña al país y envenena nuestros niños con esa maldita agua sucia que hacen pasar por leche. De la calaña de ella, habían muchos otros, muchas otras, cantando el himno, no el de los Expedicionarios, si no el de la agrupación luminosa de Manolo y de Minerva.

Los vi a todos, uno por uno, una por una.

También sentí lástima cuando escuché a Anulfo Reyes y a Pérez Modesto como representantes de todo lo entregado, postrados ante una historia que les pasó por encima muchas veces.

Pero también ví gente buena. Escuché la pasión de Salvador Gautier, divisé la dignidad de Doña Arlette Fernández, vi a Sención Silverio, a Nuris González Mirabal, a todas las viudas, a Lachapelle, a Porfirio, y claro, como siempre, a Delio Gómez Ochoa, todo un símbolo de humanidad. Vi otros/as que ahora no recuerdo y que también son símbolos de decoro y pulcritud. Sobre ello/as sólo tengo, como joven, un sentimiento de alta admiración y respeto.

Pero también vi a Leonel Fernández y a “Pote” Bonetti cantando alegremente el Himno del 14 de Junio, mientras, se bañan en un mar de corrupción e infamia comprando cédulas, protegiendo a Lockward y a Pimentel de Taveras; mientras crean nominillas y posan alegremente con narcotraficantes extraditados.

Tuvieron el descaro de cantar el himno de Manolo, justo después de hacer un mercado de dirigentes opositores, en donde recogieron toda la basura del mundo; cantan después de su sesión diaria de firmas de empresitos onerosos y de contratos fraudulentos como el de ENADE, SUND LAND e Isla Artificial. Todo eso sin dejar de complacer a cuanto inversionista, embajador o mequetrefe con nombre raro, se aparezca por estas playas con ganas de robarse el azul del mar, la sonrisa de nuestras mulatas jóvenes, y el verde de las palmeras.

Los vi cantando aquel himno glorioso, mientras, olvidaban a los pobres muertos de Noel y Olga por su imprevisión y negligencia. Los vi cantando, como para olvidarse de la Caleta, de la Charles de Gaulle, de los Cirujanos. Cantaban como para reírse descaradamente, de este pueblo trabajador, en todas las maneras y en todos los momentos habidos y por haber.

Entonces comencé a entender el presente lastimoso de mi país ya marchito; que se queda sin ríos, que se queda sin jóvenes, que se queda sin rastro de memoria, y sin valores que defender.

Este hecho histórico (parecido en cierta medida al Frente Patriótico, que viví siendo apenas un niño) tampoco me hará decepcionar de nadie. Al contrario, hará despertar mucho más mi intención revolucionaria y mi fe en la ruptura que vendrá.

Porque el silencio, la pasividad, la derrota, la indiferencia, el acomodo, la tranquilidad, el miedo, la complacencia, la claudicación, el adormecimiento, la apatía, el cansancio, la impotencia, la resignación en todas las formas, son el verdadero enemigo a vencer.

Y si algo lograron los 198 Expedicionarios de Junio de 1959, fue precisamente despertar el adormecimiento, romper en dos el miedo, desterrar la apatía, hacer fuerza del cansancio, borrar la impotencia, quitarle la tranquilidad a los opresores, vencer la derrota, superar la indiferencia y cambiar definitivamente la resignación por esperanza y fervor revolucionario.

Los Expedicionarios de Junio no vinieron, definitivamente, tras la República injusta que tenemos hoy. Ellos llegaron llenos de patriotismo. Y el patriotismo es el amor por la patria, que es lo mismo decir que el pueblo.

Descuiden, no queremos aguarles su fiesta. Sencillamente buscaremos la forma de hacer la Otra.

¡Que viva el Programa Mínimo de los Expedicionarios del 14 de Junio de 1959, hacerlo cumplir, es el único homenaje válido.